Bue...mal momento para empezar el blog elegí...la siguiente semana fue de mucho laburo para poder justificar un poco la plata que me pagan, je...
El fin de semana, después de entregar el laburo, fue de descarga...el viernes decidí salir con Pablo (mi hermano) que está de visita y lo tenía tirao...

Terminamos obviamente en el Pantalon, lugar infaltable en la salida nocturna parisina, lleno de gente rara, graffitis, decoración extraña...y lo mejor, "l'aspirateur de temps", algo así como el enano chupatierra, pero chupatiempo, y que produce el extraño efecto de que rápidamente se vuelven la 1 de la matina y te quedás sin metro.
El sábado fue más normal...fóbal de mañana con los uruguayos de la vuelta, jugando por momentos bajo la lluvia parisina (me cagaron con esto del verano)...descanso...compras...ordenar...pero de noche, de nuevo de joda.
El plan esta vez fue agarrar la guitarra e irnos pal
Pont des Arts, místico lugar si los hay, a pesar de los turistas. El puente peatonal de madera que Cortázar inmortalizara en Rayuela y que tantas veces cruzaran capos como el mismo Cortázar, Cartier-Bresson o Laure Manaudou (??).

La guitarra...como todos sabrán, tiene un extraño efecto que a pesar de que uno no toque ni cante bien, permite a las mujeres olvidarse del resto del aspecto. Esto las hace mirar...y en ese momento es que las maderas del puente se vuelven peligrosas. A la gordita rubia que me miró fijo le deseo buena recuperación (su chancleta cedió a la tentación de incrustarse entre dos maderas del puente, con la caída acorde).
El resto...encuentros con borrachos de todo tipo...canciones...pasear...etc...
Otra vez terminamos en el Pantalon (voy a tener que variar de boliche), como para liquidar la noche y volvernos contentos. El efecto de la cerveza provocó que termináramos tocando la guitarra en algún lugar empedrado cerca de la Rue Mouffetard, en pleno Quartier Latin. Espero no haber jodido a los vecinos...
No contentos con eso, al subir al metro un flaco nos dijo que tocáramos...con lo cual nos despachamos con una suficientemente desafinada versión de Colombina como para hacer sentir la uruguayez en pleno Metro parisino. Por lo menos logramos hacer sonreir a dos chicas, al flaco que pidió música...al flaco que iba con el primer flaco...y nadie más. El resto del tren nos miraba con una cara de orto bestial (pero menos que en Montevideo, je :-)).
Fin de la noche...el domingo...siestas abundante, dormir por todo el resto de la semana...y después más paseo, que ya contaré...